En la cocina

La carne de equino tiene cientos de posibilidades, todas ellas deliciosas. En crudo, el carpaccio, con un corte muy fino, y el steak tartar sacan algunas de las mejores características de este producto.

Luego, la parte más tierna, como el lomo, el solomillo o el entrecot son perfectos para hacer a la brasa o, en casa, a la plancha.

Y están los guisos, las cocciones lentas, que sacan la melosidad de este producto. Los filetes de babilla en salsa o la carne guisada con verduras descubre nuevos sabores a los amantes de la cocina.

Otra manera de extraer todos los jugos de la carne de caballo es cocinarla al horno, en una sola pieza, acompañada de patatas y verduras. Un plato completo, fácil y que casi no requiere esfuerzo.

Las carnicerías especializadas en carne de equino venden también salchichas, chorizo, hamburguesas, chistorras y salchichones. Y, evidentemente, la archiconocida cecina, un manjar que se disfruta en muchas mesas españolas.

El sector de la producción de carne de equino está muy ligado al medio rural y al aprovechamiento de los pastos de montaña. Estos animales contribuyen al mantenimiento del ecosistema, sobre el que inciden de forma positiva, ya que desbrozan los montes, ayudan a prevenir los incendios forestales y conservan los paisajes de montaña.

La cría se produce en libertad. En verano pastan por las colinas, entre los 1.000 y los 2.000 metros. En invierno, cuando llegan las primeras nieves, bajan a las praderas. Tienen una alimentación 100% natural con fardas de avena. El resultado es una carne 100% natural, muy recomendable para cualquier miembro de la familia.

En el campo